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Ayer ya recibí mi primera sesión de quimioterapia, bueno primera, primera, no, porque conozco ya este tipo de tratamientos, pero sí la primera de este nuevo ciclo. Hoy siento que estoy de veneno hasta las mismas cejas, y digo cejas porque creo que serán los últimos pelos en desaparecer pronto de mi cuerpo.
Es curiosa la forma en que la mente puede llegar a cambiar el sentido de un hecho en sí. La esperanza de querer vivir la vida que aún queda por vivir, le quita tragedia al miedo del tratamiento.
La enfermedad en si me hace vivir constantemente entre la esperanza y el sufrimiento. Puedo intentar ignorar mi enfermedad y lo que la rodea, pero con los años he aprendido que en algunos momentos de todos los días y de forma inevitable, me visitará la tortura de saber que soy una enferma crónica de cáncer.
A veces el dolor al miedo son tan intensos que se tiene miedo a explicarlo a los demás y en esa soledad vives el miedo.
Miedo y esperanza unidos con fuerza
para vivir la vida.
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