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Hubo una época de mi vida en la que descubriendo mentiras conocí la verdad y hoy
desenterrando aquellas consideraciones que yo misma me hacía, escribía así:
¿ Engaño o baja autoestima ?
LLevados por la inseguridad y desconfianza en nuestra capacidad de ser aceptados tal y como somos,
podemos caer en la tentación de adornar aquí y allá nuestra historia y nuestras habilidades,
de forma que causemos una impresión favorable en las demás personas.
Un ladrón podrá manifestar más robos de los que realmente ha hecho si tiene que presumir ante sus compañeros de cárcel,
hay quien podrá haber realizado más proezas sexuales de las habidas entre un grupo de hombres que se retan en su capacidad viril,
o una madre puede hacer que su hijo mejore las notas y apruebe cursos con el fín de que aparezca como una madre exitosa y con un hijo
muy inteligente. Mentir es un recurso fácil de valer sin tener que pasar por esfuerzos ni penurias,
aunque el precio que se corre es la posibilidad de ser descubierto.
Mientras que la persona sincera no tiene que vigilar la versión que da de sus anécdotas y los episodios vividos,
porque los transcribe al dictado de su memoria,
el mentiroso debe controlar qué versión da de su historia para que resulte coherente con la escuchada por cada persona
ante la que ha presumido.La mentira tiene las patas cortas, es decir, que no llega muy lejos y los mentirosos tienen que tener, ante todo,
muy buena memoria si no quieren ser descubiertos.El que miente necesita falsear la verdad para dar una imágen
diferente de la que realmente tiene. No está conforme consigo mismo y en lugar de mejorarse auténticamente,
se oculta trás una máscara o disfraz inconsistente.
La persona que miente, al primero que miente es a sí mismo, convirtiéndose en alguien irreal que no existe.
Hay muchas formas de mentir y las mentiras andan vestidas con toda clase de disfraces.
En realidad, vivimos en una sociedad mentirosa donde todos nos manejamos con tacto,
lo que en última instancia significa mentir.
Siempre se puede cambiar este modo de ser, comenzando por emprender
la maravillosa aventrua de ser sincero y aprender a valorarse.
El mentiroso cree muy en el fondo que es despreciable y desde esa baja autoestima surgen las mentiras;
que en definitiva son inútiles porque la verdad siempre se filtra por algún lado.El que miente
es como un barco que hace agua hasta que se hunde irremediablemente en lo más profundo,
a veces perdiendo lo que más se quiere.
Hoy, mentir en la red se ha convertido en una práctica habitual,
muchas veces peligrosa y de consecuencias nefastas.
ODIO LA MENTIRA O QUIZÁS ODIO MÁS,
LA FALTA DE VERDAD
Montse |