No siempre es igual ese instante en que nos encontramos ante una puerta. Con freecuencia nos asaltan algunas dudas o se consolidan algunos temores.
¿Qué pensamientos vuelan cuando nos encontramos ante una puerta cerrada?. ¿Titubeamos, quizás, antes de hacer sonar el timbre o de golpear con nuestros nudillos o de introducir la llave?.
Al cruzarlas no siempre se encuentra lo que se desea o lo que se necesita y el hecho de hacerlo puede hacer sentir estímulos y sensaciones de los más contradictorios. Trás ellas pueden encontrarse vidas que viven, recuerdos que fueron, sentimientos latentes, tranquilidades ansiadas, sosiegos deseados. Pero tambien nos pueden descubrir inmensos vacios, silencios eternos, profundos sufrimientos, olvidos, abismos o tan solo nada.
Todas la puertas tienen su halo de misterio y todas tendrían que tener su ojo de cerradura para permitirnos descubrir los enigmas de lo encerrado, el misterio de lo que ocultan y la curiosidad de conocer y saber lo desconocido, lo que hay, lo que tienen dentro, quien habita, como......, qué....., cuando......, porque......
Puertas....... siempre las hay..... para entrar, para salir. Unas que se abren otras que se cierran. Puertas franqueables o tal vez inaccesibles. Puertas silenciosas y tambien chirriantes. Todas me parecen únicas porque cada una de ellas encierra su microcosmos particular. Yo por mi parte dejo abierta la puerta de mis deseos para dejar pasar una luz de esperanza y conseguir ver un horizonte lleno de color y serenidad.