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Salió de su casa con un euro en el bolsillo,
con más pena que gloria y sin rumbo fijo.
Sentado y con el periódico en la mano,
trató de adivinar lo que su vista le ofrecía.
No eran palabras escritas, ni noticias impresas,
era la vida misma que se exponía trás el atrevimiento y la osadia de su triste mirada.
Atraido por la observación de lo expuesto,
dejó que la intuición diera paso a la fantasía y
sientiendose como un director de orquesta,
inició la composición de las escenas.
Fué entonces cuando descubrió un mundo mágico
de miradas complices,
timidas sonrisas,
fatigosos pasos,
coquetos andares,
premuras,
paseos,
tristezas,
risas,
un mundo completo de infundadas historias y banales detalles.
Disfrutó del momento,
y del espectaculo.
Consiguió congelar ese corto espacio de tiempo,
pintado con el tibio sol de una tarde de verano
.....y todo
por un sólo euro.
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